sábado, 19 de enero de 2019

Mi ciudad ideal

MI CIUDAD IDEAL



    En mi ciudad ideal la igualdad de género es una realidad, proviene de aquella en la que las sufragistas británicas consiguieron el derecho al voto para la mujer en 1918, cuando en el parlamento había voces que decían que “por su naturaleza una mujer está tan incapacitada para votar como un conejo”. Proviene de aquella en la que una diseñadora comenzó a usar pantalones en su vida cotidiana, como rebeldía a una ropa que obligaba a las mujeres a usar prendas incómodas y abalorios molestos. Ella fue Coco Channel. Proviene de aquella en la que en un país como España, en la década de los 70, la ley se modificó para que las mujeres pudieran vender sus propiedades, sin necesidad de la autorización de sus maridos. Eran nuestras abuelas.
    En mi ciudad ideal ya no tenemos miedo cuando vamos solas por la calle, ni tenemos que mirar hacia atrás cuando oímos pasos, podemos volver de una fiesta felices, sin temor a que nos ocurra algo de camino a casa. No tenemos que llevar spray de pimienta en el bolso, ni objetos para defendernos de un ataque solo por el hecho de ser mujeres. Porque entre todos, hemos conseguido apartar de la sociedad aquellos hombres que nos veían como objetos y en ese logro, hombres y mujeres hemos trabajado juntos.
    Tampoco hay diferencias en los ámbitos laborales, podemos acceder a cualquier puesto de trabajo, tener el mismo sueldo que el compañero que realiza la misma función (en el 2019 las mujeres cobran un 15% menos. Se calcula que tendrían que pasar 70 años para eliminar estas diferencias).
En mi ciudad ideal también ocupamos puestos de dirección según nuestra valía, no según nuestro género. (Solo un 9% de las mujeres que trabajan ocupan un cargo directivo). Nadie se cuestiona no contratarnos porque en algún momento puedas quedarte embarazada, o necesites cuidar de tus hijos.
    En mi ciudad ideal la ética y la estética hablan solo de personas. Ni siquiera las modas nos incitan a estar siempre perfectas. En una perfección que pasa por delgadeces extremas, cuerpos imposibles, maquillajes para gustar al mundo, -no a una misma-, tacones que hacen daño, tallas que no se corresponden con la realidad.
    Hombres y mujeres podremos ser diferentes, pero no intelectualmente, somos complementarios, seres humanos en definitiva y después de una lucha pacífica de 300 años, entre todos y juntos lograremos mi ciudad ideal.





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