Quizá en
lugar de comenzar describiendo mi ciudad ideal, debería hacerlo hablando de mi
persona ideal. Si utilizo el término persona
es con la intención de hacer referencia al género humano, no a la acepción
sentimental, si acaso tiene cabida.
Empiezo el
texto con este matiz no por alardear de un nivel intelectual del que carezco,
sino porque creo que es la propia condición humana la que desbarata la utopía.
Que la
perfección no existe es un axioma comúnmente aceptado, a no ser que habitemos
en el Mundo de las Ideas de Platón; pero ¿cuál es el motivo? ¿Somos nosotros lo imperfecto? La respuesta más
plausible, sencilla y humilde es creer que sí. El silogismo es evidente: si la
utopía es una creación humana que roza la perfección y la perfección no existe
en la especie humana, la utopía es rotundamente irrealizable hasta que el ser
humano sea o se acerque a la cualidad de perfecto.
Por esta
razón, es necesario que esboce mi ser ideal o, más bien, sociedad, que es lo
que fundamenta la ciudad, porque, personalmente, el lugar es lo que menos me
importa. La primera virtud, muy presente en las teorías clásicas (no sé hasta
qué punto en la práctica), sería la templanza (temperantia o sofrosine
si nos ponemos pedantes), pues de nada sirve un artificio complejo si puede ser
destruido por las más hondas pasiones. La segunda sería el raciocinio, ligado
al pensamiento crítico y a la asunción
de valores como la igualdad real de oportunidades, la empatía o la buena
educación. Finalmente, el amor al trabajo, a la cultura y al género humano en
general (espero que no se malinterpreten mis palabras y la frase no se preste a
una connotación empalagosa).
Partiendo de
que estos fuesen los valores de cada individuo, podríamos extrapolarlos al
ámbito social y hacer la convivencia, en mi opinión, bastante más llevadera. No
obstante, aunque la parte más importante es esta, me gustaría hacer unos breves
apuntes sobre la estética.
Mi ciudad
ideal, hablando ahora del espacio y no de la sociedad, sería más bien pequeña y
estaría situada en un ambiente de campo.
Tampoco estaría poblada en exceso y la
tecnología no sería su eje. Además, una gran parte estaría dedicada a la
cultura: bibliotecas, muchas bibliotecas, paisajes para pintar, teatros, salas
de cine, salones de baile… Independientemente del “prestigio social” que tenga
ahora mismo cualquier manifestación artística: puede leerse a Homero y escuchar rap
sin traicionar a ninguno de los dos. Habría también lugares para hacer deporte
o cualquier tipo de ejercicio físico, tanto artificiales como en contacto con
la naturaleza. Finalmente, me gustaría recalcar que no podrían adquirirse armas de ningún
tipo y ningún argumento tendría el suficiente peso como para legitimarlas.
Para
concluir, escribiría frases, citas o versos por todos los rincones: Borges,
Plath, Beauvoir, Aristóteles, Storni… simplemente por amor al arte. No
obstante, no me gustaría acotar demasiado la forma de vida, pues definir es limitar y creo que es preciso
sentar buenos pilares antes de entrar en asuntos más detallados.


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