Arthur
Conan Doyle, Estudio en escarlata (capítulo 1)
–No conoce todavía a Sherlock
Holmes –dijo–, y podría llegar a la conclusión de que no es exactamente el tipo
de persona que a uno le gustaría tener siempre por vecino.
–¿Sí? ¿Qué habla en contra
suya?
–Oh, en ningún momento he sostenido
que haya nada contra él. Se trata de un hombre de ideas un tanto peculiares..., un entusiasta de algunas
ramas de la ciencia. Hasta donde se me alcanza, no es mala persona.
–Naturalmente, sigue la carrera
médica –inquirí.
–No... Nada sé de sus proyectos.
Creo que anda versado en anatomía, y es un químico de primera clase; pero según
mis informes, no ha asistido sistemáticamente a ningún curso de medicina.
Persigue en el estudio rutas extremadamente dispares y excéntricas, si bien ha
hecho acopio de una cantidad tal y tan desusada de conocimientos, que quedarían
atónitos no pocos de sus profesores.
–¿Le ha preguntado alguna
vez qué se trae entre manos?
–No; no es hombre que se deje
llevar fácilmente a confidencias, aunque puede resultar comunicativo cuando
está en vena.
–Me gustaría conocerle –dije–.
Si he de partir la vivienda con alguien, prefiero que sea persona tranquila y consagrada
al estudio. No me siento aún lo bastante fuerte para sufrir mucho alboroto o una excesiva agitación. Afganistán
me ha dispensado ambas cosas en grado suficiente para lo que me resta de vida.
¿Cómo podría entrar en contacto con este amigo de usted?
–Ha de hallarse con seguridad en el laboratorio –repuso
mi compañero–. O se ausenta de él durante semanas, o entra por la mañana para no
dejarlo hasta la noche. Si usted quiere, podemos legarnos allí después del almuerzo.–Desde luego
–contesté, y la conversación tiró por otros derroteros. Una vez fuera de Holborn
y rumbo ya al laboratorio, Stamford añadió algunos detalles sobre el caballero
que llevaba trazas de convertirse en mi futuro coinquilino.
–Sepa exculparme si no
llega a un acuerdo con él –dijo–, nuestro
trato se reduce a unos cuantos y ocasionales encuentros en el laboratorio. Ha sido
usted quien ha propuesto este arreglo, de modo que quedo exento de toda
responsabilidad.
–Si no congeniamos, bastará
que cada cual siga su camino –repuse–. Me
da la sensación, Stamford –añadí mirando fijamente a mi compañero–, de que tiene
usted razones para querer lavarse las manos en este negocio. ¿Tan formidable es
la destemplanza de nuestro hombre? Hable sin reparos.
–No es cosa sencilla
expresar lo inexpresable –repuso, riendo–. Holmes posee un carácter demasiado científico
para mi gusto., un carácter que raya en la frigidez. Me lo figuro ofreciendo a
un amigo un pellizco del último alcaloide vegetal, no con malicia, entiéndame, sino
por la pura curiosidad de investigar a la menuda sus efectos. Y si he de hacerle
justicia, añadiré que, en mi opinión, lo engulliría él mismo con igual
tranquilidad. Se diría que habita en su persona la pasión por el conocimiento
detallado y preciso.
–Encomiable actitud.
–Y a veces extremosa...
Cuando le induce a aporrear con un bastón los cadáveres, en la sala de disección,
se pregunta uno si no está revistiendo acaso una forma en exceso peculiar.
–¡Aporrear los cadáveres! –Sí,
a fin de ver hasta qué punto pueden producirse
magulladuras en un cuerpo muerto. Lo he contemplado con mis propios ojos.
–¿Y dice usted que no
estudia medicina?
–No. Sabe Dios cuál será el
objeto de tales investigaciones... Pero ya hemos llegado, y podrá usted formar
una opinión sobre el personaje.
Arthur
Ignatius Conan Doyle fue un escritor y médico británico. Su extensa obra
incluye relatos de ciencia ficción, novela histórica, teatro y poesía. En 1887,
creó al célebre detective Sherlock Holmes, que destaca por su inteligencia, su
hábil uso de la observación y el razonamiento deductivo para resolver casos
difíciles. Apareció en cuatro novelas y cincuenta y seis relatos de ficción.
En 2010, se
inició una serie de televisión basada en este personaje. Sherlock, realizada
por la BBC y escrita por Steven Moffat y Mark Gattis, está protagonizada por Benedict
Cumberbatch y Martin Freeman. El rodaje tuvo lugar en varios lugares, entre
ellos Londres y Cardiff. Se trata de una actualización de las aventuras de
Holmes, trasladadas al Londres del siglo XXI.
Aunque los capítulos
son adaptaciones libres, se conserva la compleja personalidad del detective, así
como algunos detalles de los libros originales. Por ejemplo, el relato Escándalo
en Bohemia se sustituye por Escándalo en Belgravia, dada la
similitud fonética entre el país centroeuropeo y el barrio londinense. En ese
mismo episodio, la atractiva amante del rey extranjero pasa a ser una poderosa
dominatrix con gran influencia en la casa real británica.
Además, en
las novelas, se menciona que Watson había intervenido en la Segunda Guerra
Anglo-afgana. Este conflicto, librado entre Reino Unido y el Emirato gobernado por
Sher Ali Khan, se saldó con la victoria de Gran Bretaña, que pasó a controlar
las relaciones externas del país derrotado. Con ello, los ingleses pretendían
frustrar la voluntad de expansión del Imperio ruso hacia la India, ya que,
desde hacía tiempo, existía una rivalidad entre el zar y el Reino Unido. En la
serie, el compañero de Holmes participa en la Guerra de Afganistán disputada
entre 2001 y 2014. Las contienda enfrentó al gobierno talibán y a una coalición
internacional comandada por Estados Unidos y la OTAN.
Sherlock obtuvo
un gran éxito de crítica y público. Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, así
como el guionista Steven Moffat fueron galardonados en los premios Emmy. Además,
tanto la serie como su actor protagonista recibieron un Globo de Oro en 2012.
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| Arthur Conan Doyle |
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| Sherlock, cartel de la serie |







