Quizá debemos
esperar siglos para desarrollar una ciudad así o, simplemente, puede que se
convierta en una utopía que nunca seremos capaces de lograr. Pienso así, porque
además de tener en cuenta el entorno o la gente, englobaría a una sociedad que debe
convivir en armonía pues, como decía Aristóteles, el ser humano se define como zoon politikón.
En primer
lugar, dado que llevo dieciséis años viviendo en una villa, creo que lo ideal
es esa combinación: añadir a una gran ciudad zonas donde conectar con la
naturaleza y salir del ambiente urbano.
Estos lugares
algo más alejados son mucho menos complejos y, en ocasiones, más útiles. Se
trata de montañas donde respirar aire fresco, playas para relajarse, miradores
para cambiar de perspectiva o bosques para conocer aquello que nos rodea. Una
escapada de la multitud de la ciudad puede servir para conocernos a nosotros
mismos y reflexionar acerca de nuestro día a día. En mi opinión, se deberían
organizar actividades y encuentros en estos ambientes distanciados de las redes
sociales, el ruido, el agobio, etc.
Respecto a la
urbe, pienso que debería contar con las edificaciones necesarias para
satisfacer las necesidades de la población. Principalmente, debería ser obligatorio
establecer un precio máximo a los productos de primera necesidad en los
comercios, puesto que son esenciales en la vida de todas las personas. También
conceder una vivienda o, al menos, habitación en buenas condiciones a cada
familia para tener un lugar donde dormir. Por otra parte, deberían existir
centros de educación sin limitaciones como la edad o la condición social ya que
nunca es tarde para aprender y todo el mundo debería tener derecho a ello. En
esta ciudad, como no, debería haber medios sanitarios gratuitos para atender a
aquellos ciudadanos con problemas, tanto físicos como mentales. Esta sociedad
necesitaría una protección para garantizar seguridad y detener aquellas
acciones perjudiciales para el pueblo. Además, sería indispensable una red de
transportes, no solo en el centro sino entre localidades. Esto incluiría
autobuses, trenes, un aeropuerto y una controlada circulación de coches para
disminuir la contaminación. Esta es una de las medidas que contribuirían, así
como el reciclaje o el ahorro de energía. Aparte de las necesidades, el ocio es
algo imprescindible en nuestras vidas. Por tanto, sería una gran idea construir
espacios como cines, restaurantes, centros comerciales o discotecas. Los
ciudadanos deberían tener empleo garantizado, lo que se conseguiría con
variedad de establecimientos, empresas y otros negocios en la ciudad. Todo esto
lo mencionado anteriormente estaría bajo el control de un equipo de gobierno
elegido por la población y modificado cada cierto periodo de tiempo, permitiendo
de este modo que diferentes representantes muestren sus propuestas y que los
ciudadanos las aprueben o exhiban mejoras.
En síntesis,
esta sociedad forma un ciclo continuo con posibilidades de lograr el éxito si
todos los ciudadanos aportan una pequeña parte a él. De hecho, creo que ese es
el fallo por el cual las ciudades invisibles no son reales, el desentendimiento
de los habitantes.

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