domingo, 30 de diciembre de 2018

Mi ciudad ideal


Quizá debemos esperar siglos para desarrollar una ciudad así o, simplemente, puede que se convierta en una utopía que nunca seremos capaces de lograr. Pienso así, porque además de tener en cuenta el entorno o la gente, englobaría a una sociedad que debe convivir en armonía pues, como decía Aristóteles, el ser humano se define como zoon politikón.

En primer lugar, dado que llevo dieciséis años viviendo en una villa, creo que lo ideal es esa combinación: añadir a una gran ciudad zonas donde conectar con la naturaleza y salir del ambiente urbano.

Estos lugares algo más alejados son mucho menos complejos y, en ocasiones, más útiles. Se trata de montañas donde respirar aire fresco, playas para relajarse, miradores para cambiar de perspectiva o bosques para conocer aquello que nos rodea. Una escapada de la multitud de la ciudad puede servir para conocernos a nosotros mismos y reflexionar acerca de nuestro día a día. En mi opinión, se deberían organizar actividades y encuentros en estos ambientes distanciados de las redes sociales, el ruido, el agobio, etc.

Respecto a la urbe, pienso que debería contar con las edificaciones necesarias para satisfacer las necesidades de la población. Principalmente, debería ser obligatorio establecer un precio máximo a los productos de primera necesidad en los comercios, puesto que son esenciales en la vida de todas las personas. También conceder una vivienda o, al menos, habitación en buenas condiciones a cada familia para tener un lugar donde dormir. Por otra parte, deberían existir centros de educación sin limitaciones como la edad o la condición social ya que nunca es tarde para aprender y todo el mundo debería tener derecho a ello. En esta ciudad, como no, debería haber medios sanitarios gratuitos para atender a aquellos ciudadanos con problemas, tanto físicos como mentales. Esta sociedad necesitaría una protección para garantizar seguridad y detener aquellas acciones perjudiciales para el pueblo. Además, sería indispensable una red de transportes, no solo en el centro sino entre localidades. Esto incluiría autobuses, trenes, un aeropuerto y una controlada circulación de coches para disminuir la contaminación. Esta es una de las medidas que contribuirían, así como el reciclaje o el ahorro de energía. Aparte de las necesidades, el ocio es algo imprescindible en nuestras vidas. Por tanto, sería una gran idea construir espacios como cines, restaurantes, centros comerciales o discotecas. Los ciudadanos deberían tener empleo garantizado, lo que se conseguiría con variedad de establecimientos, empresas y otros negocios en la ciudad. Todo esto lo mencionado anteriormente estaría bajo el control de un equipo de gobierno elegido por la población y modificado cada cierto periodo de tiempo, permitiendo de este modo que diferentes representantes muestren sus propuestas y que los ciudadanos las aprueben o exhiban mejoras.

En síntesis, esta sociedad forma un ciclo continuo con posibilidades de lograr el éxito si todos los ciudadanos aportan una pequeña parte a él. De hecho, creo que ese es el fallo por el cual las ciudades invisibles no son reales, el desentendimiento de los habitantes.


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