Gargantúa y Pantagruel es un conjunto de cinco libros escritos por François Rabelais entre 1532 y 1564. Todos cuentan la historia y las aventuras de dos gigantes: Gargantúa y Pantagruel (padre e hijo). Están escritas de una manera satírica, extravagante y muy entretenida. Además, abundan el humor escatológico y la violencia.
Los dos primeros libros se llaman Pantagruel y Gargantúa, respectivamente. Los siguientes simplemente se llaman tercer, cuarto y quinto libro. Debido a la estricta censura de la época, Rabelais se vio obligado a publicar la obra con el seudónimo de Alcofribas Nasier, anagrama de su nombre.
En la novela, los gigantes están descritos como si tuvieran una altura y volumen variables. De un capítulo a otro pueden cambiar de tamaño para dar cabida a historias de lo más inverosímil. El primer texto está fundado prácticamente en el folclore y la tradición oral popular. En la segunda parte, que corresponde a la vida del padre de Pantagruel, Rabelais narra de una forma mucho más acabada y elaborada que en la primera, debido al gran éxito que tuvo aquella.
Tres siglos después, en el año 1808, nace Honoré Daumier. Se trata de un pintor, ilustrador, caricaturista y escultor francés, perteneciente al estilo realista. Me voy a centrar en su litografía Gargantúa (1832), pero el artista tiene muchos más dibujos y lienzos adaptando obras literarias, como Don Quijote y Sancho Panza o El enfermo imaginario.
Gargantúa es una de las primeras obras y más conocidas de Daumier, no solo por ilustrar la obra de Rabelais, sino por caricaturizar la figura de Luis Felipe I, último monarca francés. En el grabado vemos al rey con la cabeza en forma de pera. Aparece sentado en una silla con orinal transformado en un gigante glotón, como Gargantúa, en la plaza de la Concordia de París. El pueblo francés se acerca a él y trepa por lo que parece ser su lengua estirada o una tabla de madera, para poder verter en su boca todo tipo de alimentos. En esta caricatura se aprecia el contraste entre la gente normal (el campesinado, e incluso los burgueses) y el gigante, que no solo representa al monarca, sino a toda la nobleza.
Al igual que en la novela homónima, se busca una crítica social y política a través de la obscenidad. En la obra literaria se trataría más de una crítica social, de cómo o cuándo se consideran obscenas las palabras y los actos. No obstante, al libro se le podrían dar múltiples interpretaciones, empezando por la simplemente cómica y vulgar. En la estampa, el mensaje es mucho más directo. Por un lado se critica el poder que tiene una persona o una clase social sobre otras y la injusticia que supone; por otro, cumple su función caricaturesca al provocar carcajadas en las personas que la vean. Algunos críticos creen que su obra va mucho más allá, como asegura la historiadora del arte Gloria Moure, “[H. Daumier] No ilustró una época; el protagonista de toda su obra es la condición humana”.
El grabado, publicado en la revista La Caricature, le costó a Honoré Daumier una estancia de seis meses en prisión y la confiscación de la estampa. Sin embargo, esta peripecia no le detuvo en su misión de criticar a través de la pintura y la escultura. El poeta Baudelaire, contemporáneo suyo, reconoció su mérito afirmando que “es un artista especial perteneciente a la ilustre familia de los maestros. Ha llevado su arte muy lejos y ha hecho de él un arte serio”.
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