viernes, 14 de junio de 2019

Relación de la literatura de Fin de Siglo con otras manifestaciones artísticas contemporáneas


Arthur Conan Doyle, Estudio en escarlata (capítulo 1)
–No conoce todavía a Sherlock Holmes –dijo–, y podría llegar a la conclusión de que no es exactamente el tipo de persona que a uno le gustaría tener siempre por vecino.
–¿Sí? ¿Qué habla en contra suya?
–Oh, en ningún momento he sostenido que haya nada contra él. Se trata de un hombre de ideas un  tanto peculiares..., un entusiasta de algunas ramas de la ciencia. Hasta donde se me alcanza, no es mala persona.
–Naturalmente, sigue la carrera médica –inquirí.
–No... Nada sé de sus proyectos. Creo que anda versado en anatomía, y es un químico de primera clase; pero según mis informes, no ha asistido sistemáticamente a ningún curso de medicina. Persigue en el estudio rutas extremadamente dispares y excéntricas, si bien ha hecho acopio de una cantidad tal y tan desusada de conocimientos, que quedarían atónitos no pocos de sus profesores.
–¿Le ha preguntado alguna vez qué se trae entre manos?
–No; no es hombre que se deje llevar fácilmente a confidencias, aunque puede resultar comunicativo cuando está en vena.
–Me gustaría conocerle –dije–. Si he de partir la vivienda con alguien, prefiero que sea persona tranquila y consagrada al estudio. No me siento aún lo bastante fuerte para sufrir  mucho alboroto o una excesiva agitación. Afganistán me ha dispensado ambas cosas en grado suficiente para lo que me resta de vida. ¿Cómo podría entrar en contacto con este amigo de usted?
–Ha de  hallarse con seguridad en el laboratorio –repuso mi compañero–. O se ausenta de él durante semanas, o entra por la mañana para no dejarlo hasta la noche. Si usted quiere, podemos  legarnos allí después del almuerzo.–Desde luego –contesté, y la conversación tiró por otros derroteros. Una vez fuera de Holborn y rumbo ya al laboratorio, Stamford añadió algunos detalles sobre el caballero que llevaba trazas de convertirse en mi futuro coinquilino.
–Sepa exculparme si no llega a un acuerdo con  él –dijo–, nuestro trato se reduce a unos cuantos y ocasionales encuentros en el laboratorio. Ha sido usted quien ha propuesto este arreglo, de modo que quedo exento de toda responsabilidad.
–Si no congeniamos, bastará que cada cual siga  su camino –repuse–. Me da la sensación, Stamford –añadí mirando fijamente a mi compañero–, de que tiene usted razones para querer lavarse las manos en este negocio. ¿Tan formidable es la destemplanza de nuestro hombre? Hable sin reparos.
–No es cosa sencilla expresar lo inexpresable –repuso, riendo–. Holmes posee un carácter demasiado científico para mi gusto., un carácter que raya en la frigidez. Me lo figuro ofreciendo a un amigo un pellizco del último alcaloide vegetal, no con malicia, entiéndame, sino por la pura curiosidad de investigar a la menuda sus efectos. Y si he de hacerle justicia, añadiré que, en mi opinión, lo engulliría él mismo con igual tranquilidad. Se diría que habita en su persona la pasión por el conocimiento detallado y preciso.
–Encomiable actitud.
–Y a veces extremosa... Cuando le induce a aporrear con un bastón los cadáveres, en la sala de disección, se pregunta uno si no está revistiendo acaso una forma en exceso peculiar.
–¡Aporrear los cadáveres! –Sí, a fin  de ver hasta qué punto pueden producirse magulladuras en un cuerpo muerto. Lo he contemplado con mis propios ojos.
–¿Y dice usted que no estudia medicina?
–No. Sabe Dios cuál será el objeto de tales investigaciones... Pero ya hemos llegado, y podrá usted formar una opinión sobre el personaje.

Arthur Ignatius Conan Doyle fue un escritor y médico británico. Su extensa obra incluye relatos de ciencia ficción, novela histórica, teatro y poesía. En 1887, creó al célebre detective Sherlock Holmes, que destaca por su inteligencia, su hábil uso de la observación y el razonamiento deductivo para resolver casos difíciles. Apareció en cuatro novelas y cincuenta y seis relatos de ficción.
En 2010, se inició una serie de televisión basada en este personaje. Sherlock, realizada por la BBC y escrita por Steven Moffat y Mark Gattis, está protagonizada por Benedict Cumberbatch y Martin Freeman. El rodaje tuvo lugar en varios lugares, entre ellos Londres y Cardiff. Se trata de una actualización de las aventuras de Holmes, trasladadas al Londres del siglo XXI.
Aunque los capítulos son adaptaciones libres, se conserva la compleja personalidad del detective, así como algunos detalles de los libros originales. Por ejemplo, el relato Escándalo en Bohemia se sustituye por Escándalo en Belgravia, dada la similitud fonética entre el país centroeuropeo y el barrio londinense. En ese mismo episodio, la atractiva amante del rey extranjero pasa a ser una poderosa dominatrix con gran influencia en la casa real británica.
Además, en las novelas, se menciona que Watson había intervenido en la Segunda Guerra Anglo-afgana. Este conflicto, librado entre Reino Unido y el Emirato gobernado por Sher Ali Khan, se saldó con la victoria de Gran Bretaña, que pasó a controlar las relaciones externas del país derrotado. Con ello, los ingleses pretendían frustrar la voluntad de expansión del Imperio ruso hacia la India, ya que, desde hacía tiempo, existía una rivalidad entre el zar y el Reino Unido. En la serie, el compañero de Holmes participa en la Guerra de Afganistán disputada entre 2001 y 2014. Las contienda enfrentó al gobierno talibán y a una coalición internacional comandada por Estados Unidos y la OTAN.
Sherlock obtuvo un gran éxito de crítica y público. Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, así como el guionista Steven Moffat fueron galardonados en los premios Emmy. Además, tanto la serie como su actor protagonista recibieron un Globo de Oro en 2012.
Arthur Conan Doyle
Sherlock, cartel de la serie

No hay comentarios:

Publicar un comentario