Soy monotema, pero es que la poesía me puede. Prefiero dar
un par de pinceladas acertadas sobre un lienzo que me es familiar antes que
vagar largas horas por un terreno hostil. Madame Bovary ha dejado un gran
legado, tanto en manifestaciones artísticas propiamente dichas como en la
creación de personajes femeninos posteriores. No obstante, siempre hay quien da
un paso más y la perfila en un poema.
Elina Wechsler Steinberg es una poeta argentina,
nacida en 1952, licenciada en Psicología y miembro titular de la Asociación
Psicoanalítica de Madrid, que introduce el personaje de Flaubert en una de sus
composiciones:
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| Elina Wechsler Steinberg |
Las tentaciones de
Madame Bovary
Buscando entre heroínas
antiguas,
releyendo crudos y amargos diálogos de amor y de muerte,
entreteniendo la tarde de invierno con té y viejos rencores adosados a un sueño,
así, entre mis libros de mujeres,
te encuentro.
Vuelvo a encontrarte,
hoy que todas las batallas damos por perdidas,
porque hemos triunfado en lo que se puede,
hemos abandonado dices, satisfecho, el imposible.
Lo dices cada vez que tienes ocasión de encontrar mi sonrisa prevenida,
mis pocas palabras, mis oropeles de guerra.
Lo dices cuando me alucinas
en el sueño de las calles de París de este invierno de tu otoño.
El crudo dolor de existir, repites, parafraseando a Lacan.
Escribir consuela del dolor de existir,
protege de las tentaciones de Madame Bovary.
De transformarme en tu consuelo.
De transformarme en tu consuelo.
De que queden unas pocas páginas menos para la historia,
cuando otra vez nos amemos.
releyendo crudos y amargos diálogos de amor y de muerte,
entreteniendo la tarde de invierno con té y viejos rencores adosados a un sueño,
así, entre mis libros de mujeres,
te encuentro.
Vuelvo a encontrarte,
hoy que todas las batallas damos por perdidas,
porque hemos triunfado en lo que se puede,
hemos abandonado dices, satisfecho, el imposible.
Lo dices cada vez que tienes ocasión de encontrar mi sonrisa prevenida,
mis pocas palabras, mis oropeles de guerra.
Lo dices cuando me alucinas
en el sueño de las calles de París de este invierno de tu otoño.
El crudo dolor de existir, repites, parafraseando a Lacan.
Escribir consuela del dolor de existir,
protege de las tentaciones de Madame Bovary.
De transformarme en tu consuelo.
De transformarme en tu consuelo.
De que queden unas pocas páginas menos para la historia,
cuando otra vez nos amemos.
Resulta complicado comparar el tratamiento de esta figura en la
novela del francés con este poema, ya que la caracterización es mucho menor y
más abstracta, por lo que me limitaré a comentar mis impresiones.
En primer lugar, los cinco primeros versos sirven para introducir
el tema, para hablar de una figura femenina que será la protagonista en este
caso. A priori parece que el poema irá dedicado a Madame Bovary como personaje,
pero no me parece factible esa hipótesis al seguir leyendo.
A continuación, los cuatro siguientes versos, presentan el yo
poético, conforman la historia de la propia poeta o de un yo ficticio, pero que
no es el personaje de Flaubert.
Del noveno verso en adelante, el sujeto del poema se dirige a una
tercera persona, que bien puede ser su amante. En ese momento, aparece la
esencia de la composición y la verdadera referencia a la novela: París, Madame
Bovary y la visión del adulterio, en especial esto último.
A mi parecer, el poema no se posiciona en contra del adulterio en
sí mismo, sino que advierte del peligro de que el amante se convierta en el
único punto de apoyo, en la única vía de escape o sentido de la existencia y de
la incertidumbre que llega cuando el amor se marcha: De que queden unas pocas páginas menos para
la historia, /cuando otra vez nos amemos.


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