miércoles, 12 de diciembre de 2018

Relación de la Literatura Medieval con otras manifestaciones artísticas


Wolfram von Eschenbach, Parzival, libro V, siglo XIII
Su rostro era tan resplandeciente que a todos les parecía que había amanecido. La reina llevaba sedas de Arabí. Sobre un verde ajmardí[1] portaba la perfección del Paraíso, a la vez su raíz y su brote. Era una cosa que se llamaba el Grial, la mayor gloria del mundo. La que portaba el Grial tenía por nombre Repanse de Schoye. El Grial tenía esta condición: la que lo cuidaba tenía que conservar su pureza y estar libre de maldad. Ante el Grial traían lámparas, que no eran precisamente baratas: seis bellos recipientes de cristal, altos y resplandecientes, en los que ardía bien el bálsamo. Cuando entraron por la puerta, a la debida distancia se inclinaron con buenos modales la reina y las doncellas que llevaban las lámparas de bálsamo. La reina inmaculada depositó el Grial ante el señor del castillo. La historia dice que Parzival miraba fijamente a la dama y pensaba que él llevaba puesta su capa. Las siete se fueron con nobles ademanes junto a las otras dieciocho. Dejaron entonces a la más noble en el medio. Según me han dicho, había doce a cada lado. La doncella, con la corona, resplandecía allí en toda su belleza.

Neuschwanstein, castillo de 1869
El castillo de Neuschwanstein está situado en el estado alemán de Baviera, cerca de la ciudad de Füssen. Lo ordenó construir el rey Luis II de Baviera en 1869. Fue concebido como un escenario teatral habitable, es decir, la idealización de un castillo medieval, con finalidad puramente estética. Situado sobre el desfiladero de Pöllat en los Alpes Bávaros, pretendía armonizarse con las montañas y los lagos circundantes.
Combina eclécticamente varios estilos arquitectónicos y su interior alberga múltiples piezas de artesanía. Los bocetos de Christian Jank, escenógrafo teatral, constituyeron la base para el diseño, de Eduard Riedel y Georg von Dollmann.
La biografía de Luis II, el rey loco, da una idea del significado de la construcción. Nacido en el Palacio de Nymphenburg, en Múnich, el 25 de agosto de 1845, recibió una férrea educación, que pudo condicionar su excéntrico comportamiento. Sucedió a su padre, Maximiliano II de Baviera, a la edad de 18 años, pero el 10 de junio de 1886 un dictamen médico lo declaró incapaz de gobernar. Tres días después moría en extrañas circunstancias junto a su psiquiatra en el lago de Starnberg.
Aunque Baviera era un Estado constitucional, él creía en una monarquía de derecho divino, y por ello construyó su universo paralelo, en el que podía sentirse como un verdadero rey. De esta forma, levantó los castillos de Linderhof, Neuschwanstein y Herrenchiemsee, siguiendo el estilo historicista imperante en la época, que le permitían evadirse de la realidad. Además, organizaba representaciones de teatro y ópera solo para él, e incluso se desplazaba, disfrazado, en fantásticos carruajes y trineos durante la noche.
Con 16 años presenció Lohengrin, y desde entonces mostró un especial entusiasmo por la música de Richard Wagner, convirtiéndose en el mecenas del compositor cuando accedió al trono. El castillo se inspiró en los decorados de sus óperas, basadas a su vez en mitos germánicos. Por ejemplo, Lohengrin es un personaje del ciclo artúrico que viajaba en una barca conducida por un cisne mágico. Neuschwanstein, de hecho, significa el nuevo cisne de piedra. Parzival, padre de Lohengrin y caballero de la Tabla Redonda, constituye la figura central del edificio, puesto que Luis II se identificaba con él. La lucha de este héroe medieval para liberar los pecados y alcanzar el Grial se manifiesta en los diarios del monarca bávaro, muy creyente.
La principal fuente germánica sobre Parzival es la composición de Wolfram von Eschenbach, del siglo XIII, que inspiró también a Wagner su ópera homónima. La novela, basada en la última obra de Chrétien de Troyes, Perceval ou le Conte du Graal, se estructura en 16 libros o bücher. El fragmento superior relata cómo, en el transcurso de un viaje a casa de su madre, el protagonista es acogido por el enfermo Rey Pescador, Amfortas, en su castillo. Durante la cena, se le muestra el Grial. El soberano solo podía recuperar la salud si un caballero preguntaba por el significado del cáliz, pero la cortesía de Parzival le impide hacerlo. Al día siguiente, es expulsado del castillo entre insultos. Años después, regresa y libera a Amfortas de su enfermedad.
Cabe destacar que, en la Sala de los Cantores de Neuschwanstein, se exhibe un cuadro de Wilhelm Hauschild, titulado El milagro del Grial, que representa este episodio del libro de Eschenbach. Parzival, a la derecha, contempla el cáliz ante la atenta mirada de Amfortas, sentado en su trono.


[1] Tela maravillosa de seda, mejor que el terciopelo.



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