Wolfram
von Eschenbach, Parzival, libro V, siglo XIII
Su
rostro era tan resplandeciente que a todos les parecía que había amanecido. La
reina llevaba sedas de Arabí. Sobre un verde ajmardí[1] portaba
la perfección del Paraíso, a la vez su raíz y su brote. Era una cosa que se
llamaba el Grial, la mayor gloria del
mundo. La que portaba el Grial tenía por nombre Repanse de Schoye. El Grial
tenía esta condición: la que lo cuidaba tenía que conservar su pureza y estar
libre de maldad. Ante el Grial traían lámparas, que no eran precisamente
baratas: seis bellos recipientes de cristal, altos y resplandecientes, en los
que ardía bien el bálsamo. Cuando entraron por la puerta, a la debida distancia
se inclinaron con buenos modales la reina y las doncellas que llevaban las
lámparas de bálsamo. La reina inmaculada depositó el Grial ante el señor del
castillo. La historia dice que Parzival miraba fijamente a la dama y pensaba
que él llevaba puesta su capa. Las siete se fueron con nobles ademanes junto a
las otras dieciocho. Dejaron entonces a la más noble en el medio. Según me han
dicho, había doce a cada lado. La doncella, con la corona, resplandecía allí en
toda su belleza.
Neuschwanstein,
castillo de 1869
El
castillo de Neuschwanstein está situado en el estado alemán de Baviera, cerca
de la ciudad de Füssen. Lo ordenó construir el rey Luis II de Baviera en 1869.
Fue concebido como un escenario teatral habitable, es decir, la idealización de un castillo medieval, con
finalidad puramente estética. Situado sobre el desfiladero de Pöllat en los
Alpes Bávaros, pretendía armonizarse con las montañas y los lagos circundantes.
Combina
eclécticamente varios estilos arquitectónicos y su interior alberga múltiples
piezas de artesanía. Los bocetos de Christian Jank, escenógrafo teatral,
constituyeron la base para el diseño, de Eduard Riedel y Georg von Dollmann.
La
biografía de Luis II, el rey loco, da
una idea del significado de la construcción. Nacido en el Palacio de Nymphenburg,
en Múnich, el 25 de agosto de 1845, recibió una férrea educación, que pudo
condicionar su excéntrico comportamiento. Sucedió a su padre, Maximiliano II de
Baviera, a la edad de 18 años, pero el 10 de junio de 1886 un dictamen médico
lo declaró incapaz de gobernar. Tres días después moría en extrañas
circunstancias junto a su psiquiatra en el lago de Starnberg.
Aunque
Baviera era un Estado constitucional, él creía en una monarquía de derecho
divino, y por ello construyó su universo paralelo, en el que podía sentirse
como un verdadero rey. De esta forma, levantó los castillos de Linderhof,
Neuschwanstein y Herrenchiemsee, siguiendo el estilo historicista imperante en
la época, que le permitían evadirse de la realidad. Además, organizaba
representaciones de teatro y ópera solo para él, e incluso se desplazaba,
disfrazado, en fantásticos carruajes y trineos durante la noche.
Con
16 años presenció Lohengrin, y desde
entonces mostró un especial entusiasmo por la música de Richard Wagner,
convirtiéndose en el mecenas del compositor cuando accedió al trono. El
castillo se inspiró en los decorados de sus óperas, basadas a su vez en mitos
germánicos. Por ejemplo, Lohengrin es un personaje del ciclo artúrico que
viajaba en una barca conducida por un cisne mágico. Neuschwanstein, de hecho, significa el nuevo cisne de piedra. Parzival, padre de Lohengrin y caballero
de la Tabla Redonda, constituye la figura central del edificio, puesto que Luis
II se identificaba con él. La lucha de este héroe medieval para liberar los
pecados y alcanzar el Grial se manifiesta en los diarios del monarca bávaro,
muy creyente.
La
principal fuente germánica sobre Parzival es la composición de Wolfram von
Eschenbach, del siglo XIII, que inspiró también a Wagner su ópera homónima. La
novela, basada en la última obra de Chrétien de Troyes, Perceval ou le Conte du Graal, se estructura en 16 libros o bücher. El fragmento superior relata
cómo, en el transcurso de un viaje a casa de su madre, el protagonista es
acogido por el enfermo Rey Pescador, Amfortas, en su castillo. Durante la cena,
se le muestra el Grial. El soberano solo podía recuperar la salud si un caballero
preguntaba por el significado del cáliz, pero la cortesía de Parzival le impide
hacerlo. Al día siguiente, es expulsado del castillo entre insultos. Años
después, regresa y libera a Amfortas de su enfermedad.
Cabe
destacar que, en la Sala de los Cantores de Neuschwanstein, se exhibe un cuadro
de Wilhelm Hauschild, titulado El milagro
del Grial, que representa este episodio del libro de Eschenbach. Parzival,
a la derecha, contempla el cáliz ante la atenta mirada de Amfortas, sentado en
su trono.

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