domingo, 17 de marzo de 2019

Relación de la Literatura Ilustrada con otras manifestaciones artísticas


      Dejando a un lado la simpatía que nos profese Arturo Pérez-Reverte, es de obligado cumplimiento mencionar su compromiso con la cultura, sus críticas- constructivas o corrosivas, quién sabe- y su amor por los libros.
Arturo Pérez-Reverte

      En 2015, el actual académico de la RAE publicó Hombres buenos, una novela ambientada a finales del siglo XVIII. La historia se desarrolla en el París ilustrado, ya que el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate han de ir a la capital francesa en busca de L’Encyclopédie, libro prohibido en la España de la época. Como resultado de este viaje, acaban sumidos en la convulsa situación política de Francia, relatando un sinfín de aventuras e impregnados por los valores de la Ilustración.

      Tengo que confesar que no he leído la novela, pero es uno de mis fichajes para un futuro próximo. Más que comparar un fragmento con un texto del Siglo de las Luces, la analogía se establece entre el contexto cultural y social.

      En primer lugar, la acción se desarrolla en la cuna de la Ilustración: el París del siglo XVIII y está protagonizada por los pensadores que desarrollaron allí sus ideas: Rousseau, Montesquieu, Voltaire…, así como los que vivían en España: Cadalso, Feijoo, Jovellanos…
      En segundo lugar, la presencia de L’Encyclopédie es notoria, ya que la trama gira a su alrededor.
      Por otro lado, cabe destacar la firme presencia de los valores ilustrados. Según comenta el propio autor, los diálogos no son suyos, son los textos de los pensadores puestos en boca de sus personajes.
      Finalmente, el escritor utiliza la técnica de la metanovela, es decir, la explicación del proceso de escritura dentro del propio texto.
Hombres buenos

      Pérez-Reverte puede tener- o podemos encontrarle- muchos defectos, pero no peca de demagogo. Sus novelas esconden una profunda documentación y un gran conocimiento de la Historia; en ocasiones, a través de sus vivencias personales. Hombres buenos es un canto a la esperanza, a la fe en el progreso y en la raza humana y quizá una de sus novelas más optimistas.  

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