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| Uki viral love |
Los monstruos de la máquina fue una exposición
realizada en la localidad asturiana de Gijón, cuyo hilo conductor es el impacto
de las nuevas tecnologías, de la era digital, en los seres humanos, en su
idiosincrasia y en su vida cotidiana. Como el número de autores y obras es
bastante amplio, tuve que decidirme por la que más se ajustaba a Frankenstein o el moderno Prometeo y, en
última instancia, a mis gustos personales.
Uki viral love es una composición
digital de la artista multimedia Shu Lea Cheang, originaria de Taiwán y actual
residente en París. Aunque su bagaje creativo es amplio, yendo desde
composiciones digitales hasta películas o narraciones, pueden señalarse algunos
temas recurrentes: la crítica a los estereotipos de género, clase o raza; el
análisis del poder institucional o nuevas formas de concebir el amor y la
sexualidad, todo bajo la máscara del desarrollo tecnológico y sus consecuencias.
En mi humilde opinión, Uki viral love
es Frankenstein traído a la actualidad, porque, al fin y al cabo, ¿qué buscamos
en las obras clásicas más que una relación aún vigente con la actualidad? La
escena está dividida en dos, casi podríamos afirmar que es un díptico y que
cada parte representa una visión o un estado del personaje.
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| Shu Lea Cheang |
En primer lugar, en el plano de la izquierda, que es más pequeño y está más
alejado, aparece una figura retratada desde arriba, con la mirada vacua, hacia
el fondo, y completamente rodeada de lo que parecen ser aparatos electrónicos
destrozados. Personalmente, sin más fundamento que mi subjetividad, interpreto
que es la imagen de Frankenstein, observando desorientado el mundo que le rodea
y, a sus pies, la tecnología que ha causado sus penas en la novela.
En segundo lugar, en el plano de la derecha, que es el primero en saltar a
la vista, la criatura está caminando y un poco inclinada. Su tamaño es más
grande y podemos apreciar su cuerpo a la perfección. Para mí, esta parte de la
composición refleja mejor el espíritu de la novela: la criatura es una mujer, lo que dista bastante de ser una casualidad, de grandes dimensiones, desnuda y con una
máscara tapándole buena parte del rostro. La simbología es más evidente:
desnudez como metáfora del pudor, en especial cuando es del cuerpo femenino, de
la misma vergüenza que al personaje de Mary Shelley puede darle su aspecto
horripilante y el pelo. El pelo en el pubis, que acentúa el pudor y desmonta la
creencia heredada de la pornografía de que las mujeres somos tabula rasa por fuera.
Para concluir, me ha impresionado esta obra por la inclusión, de forma sutil, de ciertos temas de la novela como el desarrollo tecnológico y la aceptación del propio cuerpo y, en especial, por su carácter actual, ya que presenta al personaje desde una visión un tanto feminista y ligada al mundo moderno, al cariz autómata que nos impregna.


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